Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero

 

La campaña de compras navideña, que comienza en Estados Unidos el día de Acción de Gracias, suele venir acompañada de cifras cada vez mejores para el comercio online. Cada año compramos más en la red.

Pero hay una cara oculta en esa tendencia alcista. Cada vez devolvemos más cosas compradas. Casi un tercio de lo que se compra acaba de nuevo en la tienda, apunta el Wall Street Journal.

¿Excesivo? No tanto. Detrás de este fenómeno están algunas de las políticas que se implementaron hace años para tratar de hacer más atractiva la compra de ropa a través de la red (aunque no sólo de ropa. Amazon, por ejemplo, también acepta devoluciones en la mayoría de los productos). Sin un probador, era difícil que los compradores nos arriesgásemos a comprar algo tan personal como una chaqueta o unos pantalones.

Las tiendas de moda decidieron apostar por una agresiva política que favorecía al comprador. Si algo no gustaba, se harían cargo de los costes de devolución. Hoy, para empresas como Rue La La (ropa de diseñador a precios de outlet), esas devoluciones** pueden suponer millones de dólares en gastos de envío y costes de gestión de inventario**. Muchos usuarios compran la misma prenda en varias tallas para probar cuál sienta mejor o devuelven objetos que parecían atractivos en la foto pero que no acabaron de convencerles una vez puestos.

Estas tiendas han empezado a ensayar con** diferentes técnicas para frenar la devolución compulsiva**. Desde mostrar menos ofertas a estos usuarios hasta tratar de llevarlos hacia productos de joyería y cosmética, que tradicionalmente tienen menos devoluciones. Pero aún así, resulta un problema de difícil solución. Si se pierde la ventaja de la devolución gratuita, menos clientes se arriesgarán a comprar en la red.